El umami, conocido como el quinto sabor, supone un descubrimiento revolucionario en el mundo culinario. Además de los cuatro sabores tradicionales —dulce, salado, ácido y amargo—, el umami completa la gama de sabores que podemos percibir. Este sabor particular es esencial en la cocina japonesa, donde desempeña un papel clave en el equilibrio de los platos. El umami se encuentra en una gran variedad de alimentos, salsas y caldos japoneses, añadiendo una dimensión profunda y deliciosa a los platos y contribuyendo a una experiencia gustativa inigualable.
Índice
- Los orígenes del umami
- La ciencia detrás del umami
- Alimentos que contienen umami
- El umami en la cocina japonesa
- El umami en la cocina moderna
- Beneficios del umami para la salud
- Recetas sencillas para experimentar en casa
Los orígenes del umami
El umami es un sabor distintivo, que a menudo se describe como «sabroso» o «profundo». Se asocia a una sensación de plenitud en la boca, que aporta una riqueza y una intensidad especiales a los alimentos. Este sabor único se debe a la presencia de glutamato, un aminoácido natural, y suele encontrarse en ingredientes como la soja, el miso, las algas y el caldo dashi, típicos de la cocina japonesa.
El término «umami» fue acuñado en 1908 por el Dr. Kikunae Ikeda, un científico japonés, quien descubrió que el sabor característico del caldo dashi se debía a la presencia de glutamato monosódico. Tras este descubrimiento, Ikeda trató de aislar y definir este nuevo sabor, al que denominó «umami», término derivado de «umai» (うまい) y «mi» (未), que significa literalmente «sabor delicioso».
La ciencia detrás del umami
El umami se debe principalmente a dos tipos de compuestos químicos:
El ácido glutámico, o glutamato, es un aminoácido presente de forma natural en diversos alimentos. Cuando se encuentra en concentraciones elevadas, genera esa sensación única de umami. Este compuesto es especialmente abundante en productos fermentados como el miso y la salsa de soja, así como en algunas verduras (como los tomates maduros) y carnes.
Los nucleótidos, en particularel inosinato (presente en la carne y el pescado) y el guanilato (presente en las setas), también desempeñan un papel esencial en la activación del sabor umami. Cuando se combinan con el glutamato, estos nucleótidos crean un efecto sinérgico, amplificando así la percepción del umami. Este fenómeno es especialmente evidente en ingredientes como el kombu y el katsuobushi, utilizados para preparar el dashi.
Los receptores gustativos responsables de la detección del umami se encuentran en la lengua, principalmente en las papilas gustativas. Estos receptores, denominados T1R1-T1R3, son sensibles al glutamato y a los nucleótidos. Cuando el umami entra en contacto con los receptores gustativos, estimula una vía específica del sistema nervioso. Este proceso permite al cerebro interpretar la sensación única del umami, que se percibe como un sabor sabroso y satisfactorio. Esta detección es diferente a la de otros sabores, que están relacionados con moléculas simples, como los azúcares para el dulce o las sales para el salado.
El umami se distingue de los demás sabores por su naturaleza compleja y su interacción con los demás sabores. Mientras que los demás sabores tienen una acción más directa e inmediata (como el dulzor del azúcar o la salinidad de la sal), el umami actúa en sinergia con los demás sabores, enriqueciendo su perfil gustativo. Por ejemplo, el umami puede realzar el dulzor de un plato o atenuar el amargor, creando una armonía más compleja y satisfactoria.
Alimentos que contienen umami
Hay una gran variedad de ingredientes ricos en umami:
Los productos fermentados, como el miso (pasta de soja fermentada), el natto (soja fermentada) y el shoyu (salsa de soja), son fuentes importantes de umami. El miso, por ejemplo, se utiliza a menudo en sopas tradicionales japonesas y en salsas para condimentar.
Las algas kombu, ricas en glutamato, y el katsuobushi, copos de bonito seco, son ingredientes esenciales en la cocina japonesa. El kombu contiene altas concentraciones de glutamato, mientras que el katsuobushi es rico en nucleótidos, lo que crea una combinación perfecta para intensificar el umami.
Las setas, en particular las shiitake, también son una excelente fuente de umami. Contienen guanilato, un nucleótido que, al combinarse con el glutamato, potencia el efecto umami. Los shiitake se utilizan a menudo en sopas, caldos o como guarnición en platos para enriquecer el sabor.
Los tomates, sobre todo cuando están maduros, contienen una cantidad considerable de glutamato. Por eso los tomates son tan sabrosos y aportan umami a muchos platos, desde salsas hasta ensaladas. Su alto contenido en glutamato se libera especialmente al cocinarlos.
Los quesos curados, como el parmesano, el roquefort y el gouda, también son fuentes muy ricas en umami. A medida que el queso madura, la degradación de las proteínas libera glutamato, creando un sabor umami que se intensifica con el tiempo. Por eso, estos quesos se utilizan a menudo en platos por su intenso sabor.
El efecto sinérgico entre el glutamato y los nucleótidos es una característica clave del umami. El dashi, el caldo básico de la cocina japonesa, es el ejemplo perfecto de una combinación sinérgica de glutamato y nucleótidos.
El umami en la cocina japonesa
Dashi: el caldo básico
El dashi es uno de los elementos esenciales de la cocina japonesa. Este caldo ligero, pero rico en sabor, constituye la base de numerosos platos tradicionales y es una fuente importante de umami. Su importancia radica en su capacidad para realzar el sabor de platos tan variados como sopas, salsas o guisos. El dashi se prepara principalmente a partir de dos ingredientes:
Kombu: al infusionar el kombu en agua caliente se libera un sabor intenso, que constituye la primera capa de la base del dashi.
Katsuobushi: cuando se infusionan en agua, realzan y prolongan el sabor umami del kombu, creando un caldo complejo y delicioso.

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El uso del umami en los platos tradicionales
La sopa de miso es un plato imprescindible de la cocina japonesa, en el que el umami desempeña un papel fundamental. El miso, una pasta de soja fermentada, es el ingrediente principal, y a menudo se disuelve en un dashi para crear un caldo rico en umami. La fermentación del miso libera glutamatos, y cuando se combina con el dashi, el sabor se vuelve aún más sabroso.

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El ramen es otro plato en el que el umami está muy presente. El caldo del ramen se prepara a menudo con dashi o caldos a base de carne y pescado, que están enriquecidos con glutamato y nucleótidos. Esta sabrosa base se acompaña luego con fideos, verduras, carne (a menudo cerdo) y, en ocasiones, huevos.
Sushi y sashimi
Aunque el sushi y el sashimi se componen principalmente de pescado crudo, también se benefician del umami natural presente en el pescado y el marisco. Además, las salsas que se utilizan para acompañar estos platos, como la salsa de soja, aportan una dimensión adicional de sabor umami.
Tsukemono
Los tsukemono, o encurtidos japoneses, son verduras marinadas en salmuera o vinagre. Muchos tsukemono, como los de rábano o pepino, se fermentan, y la fermentación libera glutamatos que aportan un intenso sabor umami.

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Técnicas de cocción y preparación
En la cocina japonesa, el umami suele obtenerse e intensificarse mediante técnicas específicas de cocción y preparación, tales como:
La fermentación es una de las técnicas clave para potenciar el umami en la cocina japonesa. Permite liberar glutamatos y nucleótidos en alimentos como el miso, la salsa de soja, el natto e incluso las verduras fermentadas.
La maduración también influye en la creación de sabores umami. Por ejemplo, los quesos curados o las carnes maduradas liberan glutamato a medida que avanza el proceso de degradación de las proteínas. En la cocina japonesa, algunos pescados como el maguro (atún) o la saba (caballa) se dejan madurar antes de utilizarlos en platos como el sushi.
El secado, especialmente del pescado (como el katsuobushi) o de las algas (como el kombu), es otro método que potencia el umami. El secado permite concentrar los sabores e intensificar la presencia de glutamato. El katsuobushi, una vez secado y rallado, libera aún más umami que el pescado fresco.
El umami en la cocina moderna
El umami, aunque tiene profundas raíces en la cocina japonesa, ha influido enormemente en la cocina internacional. Hoy en día, chefs y gastrónomos de todo el mundo reconocen la importancia de este quinto sabor y lo incorporan a una gran variedad de cocinas. Por ejemplo, en Europa, los chefs incorporan el miso en sopas o salsas para añadir una dimensión umami a platos clásicos como las sopas cremosas o las salsas a base de verduras. Chefs como Ferran Adrià (antiguo chef de El Bulli) y David Chang (chef y creador de Momofuku) han incorporado a menudo técnicas de fermentación o ingredientes fermentados en sus platos para explorar las profundidades del sabor umami.
Tacos de salmón al miso, pizza al miso o hamburguesas de miso y queso… Son muchos los platos que han surgido de la fusión entre la cocina occidental y la asiática.
Beneficios del umami para la salud
El umami desempeña un papel importante en la satisfacción gustativa y la saciedad, dos elementos clave para mantener una dieta equilibrada y evitar los excesos alimentarios.
El umami también es conocido por sus efectos saciantes, lo que significa que puede reducir la necesidad de consumir cantidades excesivas de comida. Por ejemplo, una persona que come un plato rico en umami, como una sopa de miso o un caldo dashi, tenderá a sentirse saciada más rápidamente, lo que puede contribuir a una reducción de la ingesta calórica total. Al utilizar ingredientes ricos en umami, se puede reducir la dependencia de la sal y el azúcar sin renunciar al placer gustativo.
Estos alimentos también aportan proteínas, minerales es (como el yodo, el potasio y el zinc) y antioxidantes, lo que contribuye a la salud general y al buen funcionamiento del organismo.
Al incorporarlo a la dieta, se favorece un mejor control del peso y la salud digestiva, al tiempo que se mejora el disfrute culinario.
Recetas sencillas para experimentar en casa
Ingredientes
- 100 g de tofu sedoso
1 cucharada sopera dealgas wakame secas
1 litro de dashi de bonito (preparado o en bolsita)
3 cucharadas soperas de miso rojo
2 cebollas verdes (opcional)
½ cucharada de salsa de soja (opcional)
1 cucharada sopera de mirin (opcional)
Instrucciones:
Si utilizas dashi en bolsita, prepáralo siguiendo las instrucciones. Por lo general, hay que hervir 1 litro de agua, añadir la bolsita de dashi y dejar reposar entre 2 y 3 minutos. A continuación, retira la bolsita.
Si vas a preparar un dashi casero, calienta 1 litro de agua y añade 10 g de katsuoboshi. Deja que hierva, apaga el fuego y deja reposar durante 5 minutos antes de colar el líquido.
Corta el tofu en cubitos pequeños de aproximadamente 1 cm.
Pica finamente las cebollas verdes para la guarnición.
Calienta el dashi a fuego lento en una cacerola sin que llegue a hervir.
Añade el miso rojo. Para evitar que se formen grumos, utiliza un colador fino o una cuchara para diluir el miso en un poco de dashi antes de añadirlo al caldo principal.
A continuación, añade el tofu cortado en dados y las algas wakame rehidratadas. Deja que se cocine a fuego lento durante 2 o 3 minutos para calentar el tofu sin que las algas se cocinen demasiado.
Prueba la sopa y, si es necesario, rectifica el sabor con un poco de miso o mirin, según tus preferencias. Sirve la sopa en cuencos individuales y decórala con cebollas verdes picadas.
Ensalada de tomates y setas shiitake
Ingredientes:
2 tomates maduros
100 g de setas shiitake frescas
1 cucharada sopera de salsa de soja
1 cucharadita de vinagre de arroz
Aceite de oliva
Instrucciones:
Corta los tomates y las setas shiitake.
Mezcla en un bol la salsa de soja, el vinagre de arroz y un poco de aceite de oliva.
Déjalo marinar durante 10 minutos para que los sabores se mezclen.
Sírvelo como un entrante refrescante y lleno de umami.
Ramen con caldo dashi
Ingredientes:
1 paquete de fideos ramen
500 ml de caldo dashi (casero o en polvo)
2 cucharadas soperas de salsa de soja
1 huevo pasado por agua
1 cucharada sopera de miso
Ingredientes a elegir (cebollas verdes, algas nori, brotes de bambú, etc.)
Instrucciones:
Prepara los fideos ramen siguiendo las instrucciones del paquete.
En una cacerola, calienta el caldo dashi, añade el miso y la salsa de soja.
Mezcla bien y deja que hierva a fuego lento durante 2 o 3 minutos.
Sirve los fideos con el caldo y los ingredientes.
Disfrútalo con un huevo pasado por agua para potenciar el sabor umami.
Sugerencias de cata para educar el paladar
Para apreciar mejor el umami, prepara una pequeña bandeja con quesos curados, tomates maduros y setas shiitake. Pruebe cada alimento por separado y, a continuación, compárelos con alimentos más ácidos (como los cítricos) o más dulces (como la fruta fresca) para percibir el impacto característico del umami.
Utiliza salsa de soja y miso en platos sencillos, como verduras a la parrilla o carnes a la parrilla. Observa cómo estas salsas aportan profundidad y un sabor «sabroso» que enriquece los platos sin que resulten demasiado salados.
Prueba a hacer tu propio proceso de fermentación en casa. Por ejemplo, fermenta verduras para preparar encurtidos japoneses o productos como el kimchi. A medida que avanza la fermentación, descubrirás cómo el umami se intensifica y se transforma, aportando una nueva dimensión a tus platos.
































