Colección: Pasta al miso

Miso (pronunciado misso) es una pasta fermentada tradicional japonesa elaborada con soja, arroz o cebada, sal y un fermento llamado koji. Existen diversas variedades, de sabor suave o intenso según el tiempo de fermentación. Esta etapa varía de dos semanas a varios años. La pasta de miso es un aliado saludable gracias a su alto contenido en proteínas, vitaminas, minerales y enzimas.

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Más información sobre el miso

La pasta de miso es un ingrediente tradicional japonés elaborado con soja fermentada.

Preparación de los ingredientes:

Soja: Las habas de soja se limpian y se ponen a remojo en agua durante varias horas, normalmente toda la noche.

Kōji: Arroz, cebada o soja inoculados con el hongo Aspergillus oryzae, esencial para la fermentación.

Cocinar la soja:

Las habas de soja remojadas se cuecen al vapor o se hierven hasta que estén tiernas.

Mezclar con kōji:

La soja cocida se enfría y luego se mezcla con kōji y sal. La sal controla la fermentación y evita la proliferación de bacterias no deseadas.

Fermentación:

La mezcla se coloca en barriles o cubas para su fermentación. La fermentación dura de unos meses a varios años, según el tipo de miso deseado.

Maduración:

Durante la fermentación, el miso desarrolla sus sabores característicos. Las condiciones de temperatura y humedad se controlan cuidadosamente.

Refinado:

Tras el periodo de fermentación, el miso suele refinarse para que los sabores se desarrollen aún más.

Embalaje:

El miso maduro está envasado y listo para usar. La pasta puede ser más o menos suave, y su color puede variar del blanco al rojo oscuro, pasando por tonos marrones.

Shiro miso (miso blanco): Fermentación corta, sabor suave. Perfecto para sopas ligeras y vinagretas.

Aka miso (miso rojo): Fermentación más larga, sabor más fuerte y salado. Ideal para platos ricos y salsas fuertes.

Miso mixto (awase miso): Una mezcla de miso blanco y rojo, que ofrece un equilibrio de sabores.

Mugi Miso (miso de cebada): Sabor suave con toques de cebada. Se utiliza en sopas y adobos.

KomeMiso (miso de arroz): A base de soja y arroz, de fermentación más lenta, ofrece una gran variedad de sabores, de suave a salado.

Shinshu Miso (miso amarillo): Un miso de sabor intermedio, entre el blanco y el rojo, muy versátil para todo tipo de platos.

Tofu Miso (miso de tofu): Suave y cremoso, suele utilizarse en salsas vegetarianas o platos ligeros.

Sopa de miso:

Sopa tradicional hecha con miso disuelto en dashi (caldo de pescado) y a menudo aderezada con tofu, algas wakame y verduras.

Salsas y adobos:

Se utiliza como base de salsas espesas o adobos para carne, pescado y verduras, a menudo combinado con mirin, sake y azúcar.

Ramen:

Una base de caldo para el ramen, que añade una profundidad de sabor umami.

Nabemono (platos cocinados a fuego lento):

Un ingrediente clave en platos cocinados a fuego lento como el "miso nabe", donde el miso se disuelve en el caldo para enriquecer el sabor del plato.

Dengaku:

Salsa de miso dulce aplicada a berenjenas, tofu u otras verduras a la parrilla antes de asarlas.

Yaki-miso:

Una mezcla de miso, sake, azúcar y otros ingredientes, asada en un palo o espátula.

Tsukemono (encurtidos):

Se utiliza para marinar verduras y crear sabrosos encurtidos.

Condimento para verduras:

Mézclelo con vinagretas o utilícelo como salsa para crudités.

Postres y repostería:

Utilícelo en recetas dulces, como galletas o pasteles, para añadir una nota salada y umami.

Refrigeración : Una vez abierto, el miso debe conservarse siempre refrigerado. Lo mejor es guardarlo en un recipiente hermético para evitar que absorba olores y preservar su sabor.

Evite la humedad: Asegúrese de que la cuchara o los utensilios utilizados para servir el miso estén secos. La humedad puede acelerar la fermentación y alterar la calidad del miso.

No deje que entre el aire: Mantenga el miso bien tapado e intente minimizar su exposición al aire. También puede colocar film transparente directamente sobre la superficie del miso antes de cerrar el recipiente para evitar que se oxide.

Consúmalo rápidamente: Aunque el miso puede durar varios meses en el frigorífico, es mejor consumirlo entre 3 y 6 meses después de abrirlo para disfrutar de toda su frescura.

Congelación (opcional): Si no consumes todo el miso rápidamente, también puedes congelarlo. Basta con dividirlo en pequeñas porciones y guardarlo en una bolsa de congelación o en un recipiente hermético. Una vez congelado, se conservará durante varios meses.

  • En marinadas para carnes y pescados: mezcle miso blanco (Shiro Miso) con un poco de miel y jengibre para glasear un filete de salmón o pechugas de pollo.
  • En sus salsas para ensaladas y vinagretas: una cucharadita de miso diluida en aceite de sésamo y vinagre de arroz convierte una simple ensalada verde en un plato gourmet.
  • Para darle un toque especial a tus platos de féculas: añade una pizca de miso al agua de cocción de la pasta o mézclalo directamente con puré de patatas para obtener una textura cremosa y salada sin exceso de mantequilla.
  • En versión dulce (el «caramelo salado» japonés): el miso combina a la perfección con el chocolate negro o con caramelo salado para tus galletas y brownies.

La sal de mesa aporta sodio, pero poco sabor. El miso, por el contrario, ofrece una experiencia sensorial completa gracias a la fermentación natural. Utilizar miso para salar tus platos te permite reducir tu consumo de cloruro de sodio y aumentar la complejidad aromática de tus recetas.

A igualdad de peso, el miso contiene entre un 30 % y un 50 % menos de sodio que la sal de mesa convencional. Pero eso no es todo:

  • Probióticos naturales: a diferencia de la sal, el miso es un alimento vivo que favorece la digestión.
  • Rico en aminoácidos: Aporta proteínas vegetales procedentes de la soja o la cebada.
  • Índice glucémico bajo: perfecto para una cocina equilibrada.

El miso es mucho más que un condimento: es un «superalimento» fruto de una tradición milenaria. Su lenta fermentación transforma ingredientes sencillos en una mina de oro nutricional.

  • Aliado de tu microbiota (digestión): al ser un alimento fermentado no pasteurizado, el miso es rico en probióticos (cepas de Aspergillus oryzae). Refuerza la flora intestinal y facilita el tránsito.
  • Refuerzo del sistema inmunitario: su consumo regular ayuda a reforzar las barreras naturales del organismo gracias a su riqueza en enzimas activas.
  • Fuente de proteínas vegetales completas: procedente de la soja, contiene todos los aminoácidos esenciales, lo que lo convierte en un ingrediente indispensable en las dietas vegetarianas y veganas.
  • Potente antioxidante: el proceso de fermentación produce antioxidantes que combaten el envejecimiento celular y el estrés oxidativo.
  • Rico en minerales: Aporta zinc, manganeso y cobre, esenciales para el buen funcionamiento del metabolismo.